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26 de Mayo: Feria de Corao

Cada 26 de mayo se celebra en Corao (Cangas de Onís) una de las ferias ganaderas más importantes del norte de España y, sin lugar a dudas, la mejor y más auténtica de las ferias asturianas. Hay otras ferias a lo largo del año pero esta es, por número de reses, por personas, y por el momento en que se celebra, sin duda la mejor. Por eso tradicionalmente se la conoce como “La Feriona”.

Celebrado desde tiempo inmemorial, este certamen ganadero ocupa durante dos días la totalidad del pueblo y sus principales accesos, aunque el epicentro de la misma tiene lugar en el popular “Castañeu”, un pequeño soto de castaños delimitado por la carretera de acceso a Abamia, la carretera y el canal del molino. Cada vez más diezmados sus castaños centenarios, sustituidos en parte por ejemplares más jóvenes y por otras especies, hoy día el castañeu tiene más claros que árboles pero sigue conservando la magia y la fuerza de un lugar ancestral. Y esta fuerza se renueva con cada feria, al ponerse de manifiesto como, a pesar del progreso, una parte de la tradición milenaria de esta tierra sigue perviviendo apegada a la cultura ganadera.

Presenciar un trato es todo un espectáculo y una demostración de las habilidades de los ganaderos y de los tratantes para persuadir, convencer, amagar, fingir, engañar… resumir unos las cualidades de la res o buscar los otros el mayor número posible de defectos… y para concluir, aproximarse, mediar… y sellar el trato con un buen apretón de manos, símbolo supremo de la palabra empeñada, del acuerdo, con la validez de un contrato firmado ante notario.

El asunto comienza ya el día de antes, para muchos el día en que se hacen los tratos de verdad, y se prolonga durante toda la noche para alcanzar su punto álgido en la mañana del día 26 para concluir aproximadamente a la hora de la comida, que algunos siguen haciendo a la manera tradicional, de campaña.

Dar un paseo por Corao una mañana de feria es un paseo por la Asturias más pura, concentración y quintaesencia de la ruralidad y de la tradición más auténtica, sin florituras, sin folklore ni demostraciones artificiosas. El aire huele a “moñica”, a “cuchu”, no hay que hacer evocaciones de una sociedad pasada, la historia se concentra y se palpa aquí.

Paisanos apoyados indolentes sobre el palu, vacas, xatos, caballos, corderos, cabritos…, tractores, maquinaria agrícola, puestos de venta callejera, bares de campaña, mugidos, voces, blasfemias, un trago, charla animada, dificultades para aparcar, animales reticentes a subirse a los camiones, miradas de desesperación ante un futuro y un paradero incierto, otro trago, y otro más, se acerca la hora de comer y el que no vendió desespera, iniciar el camino de vuelta con la cabeza baja o partir con la satisfacción de haber conseguido o superado el objetivo, celebraciones tardías, …

El que va a Corao un día de feria seguro que vuelve, y el que nunca ha ido debería ir al menos una vez en su vida, como a la Meca. Yo seguro que vuelvo el año que viene…


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